El Libro de Artista, entre el mundo de la edición y el galerismo

Las inexpresivas y anti-literarias obras de Ed Ruscha, como Twenty-six Gasoline Stations (1962), Some Los Angeles Apartments (1965) o Every Building on Sunset Strip (1966) iniciaron el enfoque que dominó durante años toda la concepción de los libros de artista.

Las inexpresivas y anti-literarias obras de Ed Ruscha, como Twenty-six Gasoline Stations (1962), Some Los Angeles Apartments (1965) o Every Building on Sunset Strip (1966) iniciaron el enfoque que dominó durante años toda la concepción de los libros de artista.

EL LIBRO DE ARTISTA EN EL MERCADO DEL ARTE CONTEMPORÁNEO

El siglo XX ha dejado un legado de gran vigencia en el siglo XXI. El libro es un territorio artístico que reivindica su espacio en el mundo del arte contemporáneo, aunque su difusión va más allá del circuito convencional del arte.

Las nuevas generaciones se encuentran ante un escenario rico en publicaciones, librerías y editoras especializadas todas en libros de artista. Es un fenómeno concentrado en Barcelona, pero con conexiones en Londres, Bruselas y Berlín. Sin embargo, a pesar de los numerosos autores, colectivos y editores en activo en nuestro país, sólo una minoría de personas conocen este tipo de expresión artística.

En España poco a poco están apareciendo nuevos proyectos editoriales, galerías de arte y librerías especializadas, con equipos experimentales y profesionales que ofrecen publicaciones de alta calidad estética que son carta de presentación del trabajo del artista.

España ha tenido menor tradición editorial que Francia, pero se ha editado con gran calidad. Empezando a finales de los 60 con las ediciones de Gustavo Gili y Ediciones Polígrafa y continuando más recientemente con editores como: Antojos, Ediciones T, Boza-editor, Tabelaria, Cànem, Tristan Barbará o Raiña Lupa. En la Comunidad Valenciana destaca la importante labor tanto de edición como de difusión de libros de artista que ha realizado la Galería Cànem dirigida desde hace más de tres décadas por Pilar Dolz. Una editora que está teniendo una intensa actividad y que hace pocos años que inauguró galería en Barcelona, es Raiña Lupa llevada a cabo por Rocío Santa Cruz, impulsora de la feria Arts Libris.

En el sector de las artes visuales, muchos jóvenes creadores están dedicando una parte importante de su trabajo a la edición de publicaciones de artista en general: desde los libros hasta ediciones especiales, revistas objetuales, autoediciones y publicaciones digitales. Un aspecto crucial para el desarrollo de este impulso ha sido la complicidad entre artistas y diseñadores, ya que permite determinadas soluciones gráficas y de producción.

Por su parte, cada vez más el libro de artista se produce en el contexto expositivo de galerías, museos e instituciones. Estos centros en lugar de imprimir carísimos catálogos, pactan con el artista editar un libro que éste elabore con toda libertad. Sin embargo, sigue siendo un sector minoritario: es difícil encontrar subvenciones institucionales para imprimirlo. Aunque parece ser que en la red ha encontrado una manera útil de difundirse. Ha aparecido un nuevo sistema de financiación llamado Crowdfunding o micro-mecenazgo que permite no depender de recursos públicos o institucionales.

Dentro del mercado del arte contemporáneo, uno de los aspectos más importante de los libros de artista es su adaptabilidad para extenderse a un público más amplio del que disfruta actualmente del arte moderno.

Los libros de artista permiten a los artistas burlar el sistema de las galerías comerciales y la desfiguración por parte de los críticos. Es la forma de expresión considerada como la manera más fácil de salir del mundo del arte y entrar en el corazón de un público más amplio.

Las ediciones de artista se han convertido en productos de una mayor concienciación social sobre cómo debe usarse el arte: como una rebelión contra el elitismo creciente del mundo del arte. Adoptar el libro por parte del artista como herramienta de creación es una crítica a la crítica y al arte considerado como negocio. El libro permite al artista una comunicación más íntima que un objeto de arte convencional y además es una oportunidad para que el espectador/lector se lleve algo a casa puesto que es más asequible.

En definitiva, el panorama que se abre en el mundo del arte es muy rico en el ámbito de estas ediciones especiales: no sólo estrictamente en papel sino también en la manera de presentarse, exhibirse y difundirse. Este ámbito que solía quedar en segundo plano, ha comenzado a cobrar importancia gracias: a las facilidades de autoedición, a la estrecha relación entre arte contemporáneo y diseño gráfico, y a las estrategias comunicativas de las redes sociales.

EXPOSICIONES REALIZADAS EN ESPAÑA EN TORNO AL LIBRO DE ARTISTA 

Del 12 de junio al 7 de octubre de 1985 se organizó en el Centro Georges Pompidou de París una exposición titulada Livres d’artistes resultante de los estudios realizados por la crítica Anne Moeglin-Delcroix. Sin embargo la exposición, como su nombre indica, giraba más en torno a los libros de pintor que al libro de artista como concepto actual.

En nuestro país se han ido realizando numerosas exposiciones sobre el libro de artista como producto artístico contemporáneo desde el año 1979 por prácticamente toda la geografía española. Lo cual es una muestra del creciente interés que suscita este género tanto para los teóricos como para los artistas y, en definitiva, para el público. Comentaré aquí las más relevantes de los últimos años.

Comenzaré por la exposición inteligentemente comisariada por Glòria Picazo, quien lleva casi una década en el Centre d’Art La Panera impulsándolo desde su creación. Picazo organizó en la sala de exposiciones del centro Koldo Mitxelena de San Sebastián el proyecto titulado Nómadas y bibliófilos. Concepto y estética en los libros de artista, en el que unió el soporte del libro de artista con la idea del nomadismo para ofrecer una amplia panorámica de estas creaciones desde los años 60 hasta comienzos del siglo XXI.

La muestra exhibió del 10 de julio hasta el 4 de octubre de 2003 el trabajo de nueve autores, entre los que se encontraban Andrés Nagel, Ed Ruscha, Evru, On Kawara, Lawrence Weiner o Rupersberg, entre otros. La exposición arranca con la mítica obra Twenty-six gasoline Stations de Ruscha -que recoge el recorrido entre su residencia y la casa familiar marcando las distintas etapas del viaje mediante las 26 gasolineras en las que se detenía- para acabar presentando una reflexión sobre el principio mismo de desplazamiento del viaje. El catálogo que se editó contiene textos tan interesantes como los de la propia Glòria Picazo, la experta Anne Moeglin-Delcroix, Johanna Drucker, Lucy R. Lippard y Nancy Princenthal.

Fue en 2007 cuando se organizó una de las exposiciones más relevantes sobre los libros de artista en Cataluña: VisualKultur.cat. La cultura catalana fue la invitada de honor en la Feria del Libro de Frankfurt ese año. Por ello, el Institut Ramon Llull y el KRTU -centro que impulsa los valores de cultura, investigación, tecnología y universalidad- propusieron realizar una exposición sobre la cultura visual escrita e impresa en libros de artista y obras gráficas. No debemos olvidar que desde mucho tiempo atrás, la ciudad de Barcelona ha jugado un papel muy importante en la impresión de libros y su actividad editorial ha sido muy seguida por los editores germanos (1).

VisualKultur.cat fue presentada en el Museum für Angewandte Kunst de Frankfurt del 27 de septiembre de 2007 al 13 de enero de 2008 y su objetivo era mostrar las mutaciones que en España ha vivido el libro en los últimos años, tanto en su forma como en su fondo, ya que ambos han estado sometidos a reflexión. Sus comisarios, el poeta Vicenç Altaió –actual director del KRTU y del Centre d’Arts Sant Mònica- y el crítico e historiador del arte Daniel Giralt-Miracle realizaron una concienzuda selección de 104 obras de más de 200 artistas que eran muestra representativa de la cultura visual y gráfica catalana a través del libro.

Esta excepcional selección se construía a partir de la pervivencia de la vanguardia (con Miró, Tàpies, Dalí, Brossa) hasta los diseñadores gráficos actuales (Prat, Gifreu, Peret) pasando por la primera generación de la Democracia (Pazos, Amat, Perejaume, Plensa) y por los autores de la proyección del diseño de la marca Barcelona (Mariscal, América Sánchez, Serrahima). Respecto a la cultura literaria, estaban representados: textos procedentes de los antepasados medievales en la lengua propia (Ramon Llull), autores contemporáneos (Palau i Fabre, Martí i Pol, Gimferrer, Dalí, Ràfols Casamada) y referentes universales de otras literaturas (Lao-Tse, Shakespeare, Kafka, Cela). También se reconoció la labor de editores como Joan Prats, Tharrats –editor de revistas experimentales como Dau al Set-, Bombelli –galerista y editor-, editoras de importantes publicaciones de Historia del arte como Polígrafa, Sala Gaspar, Lelong, Raiña Lupa, …, y editoras más innovadoras desde Edicions de l’Eixample hasta Actar.

La catalogación de las obras expuestas en VisualKultur.cat son el resultado de la voluntad expresa de mostrar las relaciones entre los agentes implicados en este género de arte: los artistas, los escritores, los editores, los diseñadores, los impresores, las librerías, las bibliotecas y las galerías y museos; en definitiva, un amplio sector cultural y productivo de la cultura visual catalana.

Del objeto libro al libro objeto es el título del proyecto de investigación llevado a cabo en el departamento de Dibujo de la Universidad Politécnica de Valencia a partir de los libros donados por la Biblioteca Pública. La propuesta era convertir en objetos artísticos los libros inutilizados de la biblioteca. Los libros que ya han cumplido con su misión de ser objeto de estudio o entretenimiento se retiran por desgastados o por obsoletos. Este material habitualmente se recicla, se guillotina y las tiras resultantes se convierten en papel nuevo.

En este caso, los libros sufrieron otro tipo de intervención, fueron sometidos a una acción artística de reconversión. Los invitados a participar fueron profesores de la Facultad de Bellas Artes y artistas externos que dibujaron, recortaron, pintaron, grabaron, doblaron y taladraron el libro escogido, obteniendo resultados diversos. De este proyecto de investigación se vieron los primeros resultados en la exposición Del objeto libro al libro objeto en la Galería Kessler-Battaglia de Valencia del 27 de febrero al 5 de abril de 2008, coordinada por Eduard Ibáñez.

La Generalitat Valenciana y la Universidad Politécnica organizaron del 25 de septiembre de 2008 al 18 de enero de 2009 en la Sala Capitular de la Biblioteca Valenciana, el proyecto El llibre, espai de creació, exposición comisariada por Antonio Alcaraz, artista y profesor de Bellas Artes de la UPV. El proyecto era fruto de la colaboración entre la Facultat de Belles Arts de Valencia y la Biblioteca Valenciana y permitió una aproximación a los orígenes, variantes y evolución histórica del libro, así como al destacado papel que han desempeñado numerosos creadores y artistas valencianos en la constitución del libro de artista de vanguardia.

El eje central de la exposición era la fructífera relación del libro con las diversas épocas y manifestaciones artísticas que sirve para dar a conocer el importante papel desempeñado por la Comunidad Valenciana en la edición de libros que por su concepción tipográfica, formato, encuadernación y soportes se convierten en valiosas y originales obras de arte.

La exposición estaba dividida en seis ámbitos según diferentes tipologías: el libro gráfico (ediciones de gráfica original en formato libro), el libro tipográfico (la letra como elemento generador de imágenes), el libro objeto (cuando el libro se convierte en objeto), el libro no editado (cuando los pliegues sustituyen al lienzo), la revolución editorial (los artistas y el libro de los años sesenta) y finalmente, diseño y creación en edición industrial (en la frontera entre el diseño gráfico y el libro de artista). En la muestra se pudieron contemplar obras de Fluxus, Ruscha, Spoerri, y Roth, junto a ediciones de artistas valencianos.

En 2011 se presentaba en distintas sedes expositivas la propuesta No es deixa llegir. Llibre d’artista entre Barcelona i Bolonia. Fue un proyecto colectivo entre la Facultat de Belles Arts de la Universitat de Barcelona, la Biblioteca de Catalunya, la Academia de Bellas Artes de Bolonia y su Biblioteca Universitaria. La idea surgió de la sinergia debida al Programa Erasmus entre los talleres de grabado de la Facultat de Belles Arts dirigido por Eva Figueres y de la Academia de Bellas Artes de Bolonia guiado por Manuela Candini. Desde el año 2008, el trabajo apasionado sobre el grabado no tóxico y las técnicas experimentales de la gráfica hizo que ambas profesoras se encontraran varias veces entre Barcelona y Bolonia. Este trabajo compartido que eclosionó en 2011, ha permitido desembocar en una exposición con 80 libros de artista realizados por 14 alumnos de ambas universidades.

El Programa.cat es un catálogo abierto del Departament de Cultura de la Generalitat, con un apartado específico para exposiciones, que está a disposición de los municipios para hacer más accesible a los ciudadanos conocimientos y disfrute de distintas disciplinas. Dentro de este programa se ha organizado la exposición itinerante Passant Pàgina. El llibre com a territori d’art que se inició en febrero de 2012. Dicha exposición se articula en torno al libro de artista como paradigma de la evolución de las artes visuales contemporáneas, y ha sido comisariada por Vicenç Altaió –ya que fue el principal ideólogo de la exposición predecesora VisualKultur.cat-, por Rocío Santa Cruz –dueña de la galería y editora Raiña Lupa- y por Óscar Guayabero –paradiseñador y director de la Fundació Comunicació Gràfica-.

El objetivo de esta conjunción de intereses es ampliar el conocimiento sobre los libros de artista como género emergente en el mercado artístico. Y el resultado ha sido la organización de esta exposición, además de la creación de Arts Libris, Fira Internacional del Llibre d’Art i Disseny de Barcelona, pionera en España sobre los libros de artista de edición limitada y de la que hablaré en el capítulo siguiente. La muestra, que recoge hasta 140 libros de creadores consagrados y de autores menos conocidos poniendo énfasis a las obras de Barcelona y Cataluña por su dilatada historia editorial, se centra en la producción de los libros de artista tras las primeras vanguardias que usaron el libro como herramienta artística de ruptura.

ARTS LIBRIS-FIRA INTERNACIONAL DEL LLIBRE D’ART I FOTOGRAFIA DE BARCELONA

En el año 1994, el galerista francés y editor de libros de bibliofilia contemporánea, Rik Gadella organizaba en París la primera edición de la Feria Internacional de Libros de Artista. En España hemos tenido que esperar más de quince años hasta que alguien tuviera la feliz idea de celebrar su equivalente española.

Arts Libris es un proyecto organizado por el Centre d’Arts Santa Mònica, Raiña Lupa y Fundació Comunicació Gràfica que comenzó en 2010 y que pretende ser un punto de encuentro para profesionales y aficionados en el entorno del día de Sant Jordi, el 23 de abril. Arts Libris surge de la necesidad de vincular en expositores al futuro de este sector: galeristas, pequeños editores, distribuidores, libreros, imprentas, escuelas, diseñadores y coleccionistas en torno al libro de artista.

Ideada por Rocío Santa Cruz, responsable de la galería Raiña Lupa, la feria es un escaparate para difundir y promover libros de artista y de experimentación gráfica. Arts Libris nace en Barcelona por su tradición editora y artística, a imagen y semejanza de otras ferias como la de París, Bruselas, Londres, Nueva York, Bolonia o Frankfurt, ciudades de países que son también expositores internacionales de la feria. Para los directores de este evento, Santa Cruz y Guayabero, los libros son piezas de artesanía y experimentación gráfica, objetos de fetiche en los que hay un cuidado especial en el proceso de edición y producción. Para ambos, hoy día se impone un nuevo fenómeno: los jóvenes creadores utilizan el libro para mostrar sus trabajos y lo convierten en una obra de arte en sí mismo.

Por ello, la feria cumple con la voluntad de trabajar el mercado de este sector pequeño y complicado y con la voluntad de ofrecer un entorno muy didáctico para presentar el producto y crear coleccionistas. En efecto, estimular el coleccionismo, tanto público como privado, es una buena iniciativa, ya que los libros poseen un precio mucho más asequible que una obra original de un mismo artista, y con el tiempo se revalorizan igual. El anteponer la calidad al interés comercial y el contacto directo con el comprador hacen que se genere un colectivo específico interesado en el arte, la artesanía, el diseño, las artes gráficas y la encuadernación.

Finalmente, Arts Libris ha iniciado un nuevo proyecto para organizar una nueva edición de la feria en Madrid. La Fundación Germán Sánchez Ruipérez ha pedido que se organice la feria en la capital durante el mes de Septiembre de 2013, y finalmente se realizará en el Matadero Madrid, Centro de Creación Contemporánea. Además durante el transcurso de la feria en Madrid, se organizará la exposición Ediciones/Libros de artista en Cataluña, exposición centrada en la edición contemporánea de libros de artista en Cataluña.

En Sant Jordi de 2013 se celebrará su cuarta edición y poco a poco se va abriendo paso un nuevo mercado en el que intervienen distintos agentes: artistas, diseñadores, editores, libreros, galeristas, coleccionistas y el público general. Y este nuevo mercado viene pisando fuerte porque se ha creado una feria homóloga en Madrid, y más adelante en Valencia. Por lo tanto, este nuevo mercado de arte contemporáneo necesita de teóricos, de expertos, de gestores, de coleccionistas y de un público que se interese por él.

Así que, desde estas páginas, animo a los jóvenes estudiantes e investigadores a ver en este nuevo territorio del arte contemporáneo, una oportunidad para trabajar y acercar al público estas nuevas iniciativas artísticas. También animo a pasar un Sant Jordi diferente en Arts Libris, a visitar la exposición relacionada con la feria que se mostrará entre el 17 de enero y el 10 de marzo en Museu d’Art Jaume Morera de Lleida, entre el 3 de abril y el 19 de mayo en el Centre d’Arts Santa Mònica y entre el 28 de mayo y el 19 de junio en el Espai Betúlia de Badalona.

Y por último, animo a todos a convertirnos (¿por qué no?) en coleccionistas de libros de artista, puesto que son también obras de arte, aunque mucho más asequibles y que con el tiempo se revalorizan de igual manera que una obra original. De esta manera, estaremos favoreciendo el circuito de este singular sector del mercado artístico.

¿QUÉ ES UN LIBRO DE ARTISTA?

Tras leer y estudiar numerosos textos acerca de los libros de artista, he observado que es difícil llegar a una única definición de lo que constituyen. Parece que es más fácil detallar lo que no son. Como comenta la crítica estadounidense Johanna Drucker, la mayoría de intentos por definir un libro de artista no consigue ni de lejos su objetivo: o son demasiado imprecisos o demasiado concretos (2). Aunque sí que es cierto que en las últimas décadas han surgido un cierto número de teóricos, críticos y practicantes que han dado pie a serias discusiones dentro del ámbito de los libros de artista.

El término libro de artista sin duda engloba numerosas posibilidades -el concepto más correcto en mi opinión debería ser publicaciones de artista, puesto que quedarían así incluidas otro tipo de ediciones como las revistas de artista, los catálogos de artista, los archivos de artista, etc-, así que comenzaré definiendo el libro de artista como una obra de arte en sí, que ha sido concebida específicamente para el formato libro, que implica un interés por las técnicas de impresión y encuadernación y que a menudo es publicada por los propios artistas. De este modo, el autor de la obra es también el editor del libro.

Sin embargo, si queremos una definición de un experto debemos acudir a los textos de la crítica francesa Anne Moeglin-Delcroix, profesora de Filosofía del arte en la Universidad París-Sorbona y encargada de los libros de artista en el Gabinete de la Estampa de la Biblioteca Nacional de París. Moeglin-Delcroix comenzó realizando su tesis de doctorado sobre la problemática de los libros de artista (lo que dio lugar a una gran exposición en el Centro Georges-Pompidou en 1985). Durante más de 25 años de estudio, ha ido publicando decenas de artículos y textos que finalmente han sido recogidos en su libro Sur le livre d’artiste: Articles et écrits de circonstance 1981-2005 (Marsella: le Mot et le reste, 2006). Pero su mayor aportación es un volumen de gran formato, ilustrado y muy sistemático que se ha convertido en el máximo referente internacional sobre el tema: Esthétique du livre d’artiste: 1960-1980 (Paris: Jean Michel Place: Bibliothèque Nationale de France, 1997, 2ª ed.: 2011)

En las primeras páginas de este citado libro, la autora detalla tres aspectos que sirven para definir el libro de artista:

1º – Allí donde el autor de libros ilustrados o de libros de bibliófilo habría buscado la calidad técnica, el artista busca una forma de expresión.

2º – El libro de bibliófilo busca un público exclusivo: el libro ilustrado con buenos grabados es caro de producir y por lo tanto no está al alcance de todos; se imprimen pocos para la gente que los puede pagar y su canal de difusión  son los marchantes y las galerías especializadas. Los libros de artista buscan un tipo de público diferente al de las galerías; no buscan sofisticación ni exclusividad.

3º – Los artistas que realizan libros de artista ya han trabajado en el mundo de la edición o de la publicidad; se han interesado por las técnicas de impresión y encuadernación. Por lo tanto, además de autores se convierten en editores.

Los libros de artista se han hecho muy populares entre los artistas debido a que permite una flexibilidad y variación casi ilimitadas. Son un tipo de publicaciones que para unos son un medio idóneo para divulgar sus proyectos artísticos y facilitar al máximo la circulación de la obra de arte, y para otros suponen un nuevo impulso para su trabajo gracias a las características físicas del libro y el diseño de sus páginas –la página en blanco constituye todo un espacio donde actuar-.

Con las primeras ediciones de libros de artista se abrió un nuevo territorio fértil para la experimentación. Ya no eran escritura literaria ni poética, sino plástica. En consecuencia, comenzó a crecer un interés por los nuevos soportes, formatos y materiales. Con estas primeras ediciones nació un interés diferente por el libro, que antes constituía el medio tradicional para los textos literarios. El libro se convirtió en un medio autónomo de expresión y experimentación plástica, al margen del arte convencional.

Los precedentes del libro de artista como lo conocemos hoy día surgieron con las vanguardias del siglo XX, y por lo tanto nacieron con el mismo espíritu de subversión que éstas. Aquellas creaciones se convirtieron para numerosos artistas en un instrumento de ruptura e innovación dentro del amplio panorama de las artes.

Además, con las primeras vanguardias se impulsó la llamada edición independiente, una forma de actividad impresora asociada a ámbitos literarios y de activismo político que suponía un esfuerzo editorial para crear una publicación que no lograría encontrar fácilmente patrocinio en la prensa o en editoriales comerciales. El propio término independiente implicaba una independencia respecto a limitaciones comerciales, y en este caso se trataba de publicar obras innovadoras, creativas y experimentales.

La idea del editor independiente -aquel que no presta atención al beneficio económico-estuvo muy ligada a la idea del artista activista. De este modo, los libros de artista surgieron como herramienta para el pensamiento independiente y activista, y por ello, podían impulsar un cambio de conciencia.

A este planteamiento de las ventajas que aporta el libro de artista como producto cultural, hay que añadir que la figura del editor también fue clave para que los artistas decidieran adoptar el libro como plataforma a través de la cual vehicular una parte de su trabajo.

En palabras de Rocío Santa Cruz -editora, responsable de la galería Raiña Lupa y creadora de Arts Libris Fira Internacional del Llibre d’art i disseny de Barcelona- el editor concede únicamente a los artistas la autoría de sus libros concebidos como obras de arte en su totalidad (3). Además el editor es sumamente cuidadoso: en la elección del papel, el diseño de la encuadernación, el cuidado de la firma, de la numeración, el tiraje de las obras, etc. Lo cual era un acicate más para que los artistas trabajasen con ellos.

Hoy día la figura del editor está desapareciendo. Por ello, muchos talleres y artistas se están haciendo editores. También museos y centros de arte editan libros de artista en vez de carísimos catálogos de exposición. Además en recientes exposiciones del MACBA y el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía se ha podido observar como el libro de artista está cada vez más presente en las salas de exposición como complemento a la lectura de las obras o tratado al mismo nivel de las obras.

En cambio, las galerías de arte han dejado de ser editoras de libros de sus artistas –a excepción de algunas como la galería de Carles Taché o la citada Raiña Lupa que posee también una editorial homónima- debido a la poca rentabilidad que ofrece la edición, al elevado coste de inversión y al reducido mercado existente en materia de libro de artista.

EL LIBRO DE ARTISTA: LA FORMA DE ARTE POR EXCELENCIA DEL S. XX

El libro de artista ha sido una forma de arte fundamental forjada en el siglo XX. Aparece en todos los movimientos importantes dentro del arte y de la literatura, sobre todo, en grupos de vanguardia experimentales e independientes. Hasta que ha llegado a evolucionar como un ámbito autónomo en el siglo XXI.

Sin embargo, el libro de artista como género no ha sido suficientemente estudiado ni codificado –a excepción de algunas pocas publicaciones de relevancia-(4) y mucho menos incorporado críticamente a la Historia del Arte del siglo XX. Desde que surgió el concepto de libro de artista, se han realizado cientos de ediciones diferentes pero nunca han aparecido en reseñas, ni en revistas, ni en las exposiciones de los artistas. Además muchos de estos ejemplares se han convertido en objetos de culto para muchos coleccionistas.

Los libros de artista han sido tratados como ejemplo de compromiso artístico con el libro como forma, más que como derivaciones de las distintas vanguardias. Sin embargo, es ese compromiso el rasgo principal del arte del siglo XX lo que habla a favor de la identidad de los libros de artista como fenómeno singular de una era.

Comenzaré diciendo que la Historia del libro de artista ha sido organizada en una amplia variedad de maneras por parte de diversos eruditos y críticos. En la mayoría ha habido cierta tendencia a establecer un punto de origen arbitrario y demasiado definitivo. Estoy hablando de la obra de Edward Ruscha: Twenty-six Gasoline Stations de 1962. Pero muy probablemente antes de ese año ya había suficientes precedentes históricos que se deben mencionar.

Algunos historiadores hacen referencia a los libros de finales del siglo XIX de los poetas Stéphane Mallarmé y Guillaume Apollinaire, ya que ha habido una larga y existente relación entre poesía-arte y poesía-libros objeto.

Sí es cierto que Mallarmé había planeado escribir un “libro total”. Aunque nunca llegó a escribirlo, esbozó en cambio una cantidad de notas acerca de cómo lo concebía. Muchas de estas notas fueron quemadas de acuerdo a su voluntad  tras su muerte. Uno de los cuadernos, sin embargo, fue conservado y publicado en 1956 en Francia en un libro titulado El libro de Mallarmé.

Mallarmé explicó aquí la forma que debía tener este “libro total”: las páginas debían estar sueltas y no numeradas de manera que cada vez que se leyera el texto, él mismo adoptaría una forma distinta. Incluso, variaría igualmente el número de páginas al poder optar por aquellas que se deseaba leer y aquellas que no. También las hojas serían intercambiables en anverso y reverso de manera que no estaría predeterminada la dirección de lectura. De esta manera, nunca habría un libro original. Éste variaría con cada lectura. El libro de Mallarmé posee los rasgos característicos de los libros de artista: primero, la interacción; segundo, el sentido de la obra viene dado por su conjunto más allá de la suma de las partes; y tercero, el hecho de entender el libro como un artefacto con mecanismos conceptuales más que como un simple soporte para texto.

Un indudable precedente de los libros de artista son los libros ilustrados o de bibliófilo que solían incluir litografías que ilustraban una obra de referentes universales. Estas obras son de edición limitada, con una impresión esmerada, asociadas a prensas de tipografía o tipos colocados a mano. Estos libros son versiones bien hechas de textos clásicos en papel de alto gramaje y suelen tener una encuadernación de cuero. Sin embargo, estas ediciones aún siendo producidas prestando mucha atención a todo lo referente al arte de la impresión, no eran innovadoras en la forma ni exploraban el libro como concepto artístico.

La novela alemana Fausto de Goethe (1740-1832) ilustrada por Eugène Delacroix (1798-1863) en 1827

La novela alemana Fausto de Goethe (1740-1832) ilustrada por
Eugène Delacroix (1798-1863) en 1827

El antecedente inmediato al libro de artista como lo conocemos actualmente es el llamado livre d’artiste o libro de pintor que nació como una empresa editorial iniciada por el marchante francés Ambroise Vollard cerca de 1890, y más tarde por el también marchante Daniel-Henry Kahnweiler ya iniciado el siglo XX, aunque con criterios y tendencias editoriales diferentes.

Vollard defendía la unidad del libro en la que todos sus elementos estaban conectados. Sus ediciones que utilizaban procedimientos artesanales eran antagónicas a las que se estaban editando en la época con un carácter más industrial. Por eso en ellas siempre se incluían las firmas del escritor y del artista y poseían un carácter limitado. Los pintores de Vollard se atrevían a experimentar con la obra gráfica. Realizó ediciones con Braque, Chagall, Picasso, Toulouse-Lautrec y Bonnard entre otros. Coincidiendo con el tiempo e incluso colaborando con los mismos artistas, otro editor, Albert Skira trabajó con criterios similares a Vollard.

Poèmes de Charles d'Orléans (1394 -1465) ilustrados por Henri Matisse en 1943 y caligrafiados por la misma mano del pintor.

Poèmes de Charles d’Orléans (1394 -1465) ilustrados por Henri Matisse en 1943 y caligrafiados por la misma mano del pintor.

Distintamente, Kahnweiler orientó su producción abiertamente hacia la continuidad del libro ilustrado francés siguiendo la línea establecida por escritores y artistas como Mallarmé y Manet. De esta forma, en sus ediciones el texto suponía el punto de partida obligado para el desarrollo del libro. Con él colaboraron artistas como de nuevo Picasso, o André Derain.

Así pues el livre d’artiste solía ser el resultado de amistades entre pintores y poetas vanguardistas de Europa y más tarde de Nueva York. Se contrataba al artista y al escritor por separado, o se realizaban nuevas interpretaciones modernas de textos clásicos como Shakespeare, Ovidio o Dante.  Fue una tendencia que caló en otros editores que vieron la oportunidad de comercializar ediciones de lujo con la firma de una personalidad del mundo de las artes plásticas o de la poesía.

En esas mismas fechas se estaba produciendo además una gran revolución en el concepto editorial y en la utilización de la letra. Futuristas, suprematistas y constructivistas rusos realizaban ediciones muy limitadas, en muchos casos autoproducidas por ellos con economía de medios y de forma totalmente artesanal.

Parallèlement (1900) obra del poeta francés Paul Verlaine (1844-1896) ilustrada con 108 litografías en color de Pierre Bonnard (1867-1947) y editada en París por Vollard

Parallèlement (1900) obra del poeta francés Paul Verlaine (1844-1896) ilustrada con 108 litografías en color de Pierre Bonnard (1867-1947) y editada en París por Vollard

La expansión del mercado de las artes plásticas durante el siglo XIX y el resto de mercados de lujo expandidos gracias al crecimiento industrial, a la acumulación de capital y a una clase media-alta educada y con un fino gusto hicieron que el livre d’artiste tuviera un gran impulso.

El mercado de los libros de pintor creció como una extensión más del mercado de las pinturas, esculturas y dibujos. Kahnweiler, plenamente consciente, creó un mercado paralelo de libros gracias a la popularidad y fama de sus artistas. Los artistas por su parte, eran conscientes de que el libro ofrecía la posibilidad de producir obra de una forma que por su cuenta no podrían.

Estos primeros livres d’artiste estaban hechos con clase, pero no llegaban a ser libros de artista propiamente dicho porque los autores no eran plenamente conscientes de la estructura y significado del libro como forma. Además, la mayoría de las obras producidas por marchantes comenzaron siendo la visión de un editor y esta visión siempre estaba orientada al mercado, es decir, se buscaba una estética encaminada a garantizar el valor del producto y a ser compatible con el gusto social, y un formato estándar entre la obra de arte visual y la literaria.

Los livre d’artiste son interesantes a su manera, pero son producciones más que creaciones o nuevas visiones. En definitiva, no plantean interrogantes acerca de su potencial conceptual, formal ni metafísico.

Otro precedente al libro de artista actual muy citado es la Boîte-en-valise de Marcel Duchamp de 1936, considerado el modelo para los llamados libro-objetos, es decir, aquellos trabajos del último cuarto del siglo XX que incluyen textos en contenedores no tradicionales.

La Boîte-en-valise consiste en una colección de miniaturas y muestras de toda la obra de Duchamp realizada antes de 1935: sus ready made, su técnica marieé, sus textos humorísticos y los objetos cotidianos descontextualizados. Cuando Duchamp estaba radicado en París y una nueva guerra parecía inminente, el artista sencillamente decidió “empaquetar sus pertenencias” y mudarse a Nueva York.

Boîte-en-valise de Marcel Duchamp (1936)

Boîte-en-valise de Marcel Duchamp (1936)

La maleta de Duchamp transportaba en su interior desde la Gioconda con bigotes hasta su famoso urinario en tamaño reducido, una ampolla de vidrio con 50 centímetros de aire de París, una funda de máquina de escribir, reproducciones de pinturas (como Desnudo descendiendo una escalera) y otras representaciones dadaístas. Esta obra duchampiana propuso un concepto de libro de arte que abrió las puertas a un campo de experimentación infinito, tanto físicamente como conceptualmente.

Tras el período de guerras, las cosas se sucedieron con más velocidad. A finales de los años 40 y principios de los 50, una serie de artistas comenzaron a explorar el mundo de los libros con seriedad, como por ejemplo: el grupo CoBrA (Copenhague, Bruselas, Amsterdam), los letristas franceses guiados por Isidore Isou y Maurice Lemaitre, y los poetas concretos (en Alemania y Francia, y los brasileños Augusto y Haroldo De Campos).

Las características del libro de artista iniciadas por los movimientos de vanguardia a principios de siglo, se acentúan a partir de los años 60 cuando vuelve a surgir el interés por el libro. Artistas que trabajaban con la música experimental, con la performance y con otras formas no tradicionales adoptaron las artes del libro dentro del grupo Fluxus que usaba el libro como una forma de expresión con que documentar sus encuentros, performances o propuestas plásticas de los artistas, cosa que transformó el concepto de obra original y produjo una montaña de objetos, periódicos, revistas, libros,…

En 1962 George Maciunas, miembro fundador de Fluxus organizó un festival centrado en la música experimental que reunió artistas de disciplinas diversas. A partir de este acontecimiento se agruparon una serie de conciertos, manifestaciones, acciones de arte público, performances y ediciones que se llevaron a cabo entre principios de los 60 hasta mediados de los 90. Fluxus consiguió reunir una comunidad internacional de artistas, arquitectos, compositores y diseñadores no sólo en Alemania, sino por toda Europa, Estados Unidos y Japón. Entre los diferentes artistas que pertenecían a este grupo se encuentran los siguientes: John Cage, Robert Filliou, Henry Flynt, Takako Saito, Daniel Spoerri, Dieter Roth, Nam June Paik, Ben Vautier, La Monte Young.

Entre 1964 y 1970 Fluxus tiene su período más fértil en lo que se refiere a publicaciones y múltiples. Y en esa tendencia hacia una actitud alternativa frente a la creación artística, la cultura y la vida en general, proponían un acercamiento del arte a lo cotidiano, poniendo en cuestión la naturaleza y significado del arte. El deseo de Maciunas, aunque nunca logró el nivel de producción que pretendía, era producir en serie todas las obras de Fluxus de modo que fuera imposible o difícil convertirlas en mercancías de arte y evitar la calificación de rareza o carácter único.

La alternativa al arte exclusivo fue utilizar materiales baratos, encontrados o producidos en series múltiples a nivel industrial. Los libros y objetos fluxus eran presentados en atractivos contenedores de cartón o plástico con etiquetas que diseñaba el propio Maciunas, evitando cualquier referencia al valor artesanal o exclusivo de la obra. No sólo editaron material impreso en papel, sino que produjeron camisetas, manteles, delantales y sellos de correo. Era muy común en las publicaciones fluxus que participaran varios artistas en la creación de una misma obra como es el caso de An Anthology, un trabajo colectivo que es reedición de la original de 1963 realizada en Nueva York por Heiner Frieddrich en 1970. El libro fue diseñado por Maciunas. Contiene contribuciones de muchos de los artistas afines a Fluxus: John Cage, Henry Flynt, David Degener, Walter de María, Yoko Ono, Dick Higgins, Nam June Paik, Dieter Roth o La Monte Young.

An Anthology (1970) trabajo colectivo diseñado por Maciunas, con obras de muchos de los artistas afines a Fluxus como John Cage, Yoko Ono, Nam June Paik o Dieter Roth.

An Anthology (1970) trabajo colectivo diseñado por Maciunas, con obras de muchos de los artistas afines a Fluxus como John Cage, Yoko Ono, Nam June Paik o Dieter Roth.

La filosofía de Fluxus continuó en manos de artistas como Joseph Beuys, Robert Filliou o Robert Watts. En la década de los 60 se extiende por Europa y Estados Unidos la idea del libro como medio artístico, catálogo de artista o libro con función documental generalizándose la producción de pequeños formatos impresos con medios de reproducción masiva. Este planteamiento fue promovido por los artistas vinculados al Minimalismo y al Arte Conceptual como Ed Ruscha, Sol LeWitt, Weiner, Huebler, Snow, Darboven. Las nociones de reproductibilidad se intensifican tratando el libro de artista como un producto de masas e intentando desmaterializar el arte. Algunos de ellos utilizaron el lenguaje como la máxima abstracción del arte, considerando sus escritos y manifiestos, una forma paralela de expresión artística.

Uno de los artistas más representativos de esta tendencia fue el ya citado artista americano Edward Ruscha que publicó en 1962 la primera edición de su libro Twenty-six gasoline Stations. El libro únicamente contenía una frase: “26 fotografías en blanco y negro de gasolineras en la zona oeste de Estados Unidos, con rótulos”. Era la primera vez que un libro eliminaba la parte literaria para abrir paso a una colección de imágenes que introducen el concepto de trayecto-recorrido.

En 1965 editaba Some Los Angeles Apartments, tercer libro de su producción que muestra imágenes fotográficas de edificios de apartamentos y pretende ser una representación lo más fiel posible de la realidad. Every Building on the Sunset Strip editado por Ruscha en 1966 es un mítico libro para el cual el autor montó una cámara en la parte trasera de un camión y recorrió la también mítica Sunset Strip de Los Ángeles fotografiando cada uno de los edificios. El libro, un gran desplegable impreso en blanco y negro a una sola cara, recoge las imágenes en dos estrechas bandas en la cabeza y el pie de la página y, como si de una tira de negativos se tratar, recoge las imágenes montadas unas junto a otras.

Twenty-six Gasoline Stations (1962) de Ed Ruscha

Twenty-six Gasoline Stations (1962) de Ed Ruscha

Otro artista importante en cuanto a su aportación en el ámbito del nuevo concepto de libro de artista fue Daniel Spoerri, miembro fundador de Nouveau Réalisme en París en 1960 que trabajó fundamentalmente las performances y los assemblages. Realizó su incursión en el arte contemporáneo con la edición de MAT (Multiplication d’Art Transformable) siendo uno de los pioneros en la edición de múltiples.

Una de sus principales obras es An anecdoted topography of chance editado en 1966 por Something Else Press –el original en francés es de 1962-. Este celebrado libro puede considerarse de gran importancia junto a Twenty-six gasoline Stations, ya que si Ruscha realizó libros de artista en los que sólo utilizaba la imagen para documentar, Spoerri hizo lo mismo pero utilizando sólo texto.

En esta obra el autor describe de forma muy objetiva y metódica todo lo que encontró en la mesa de su habitación de hotel en la rue Mouffetard, añadiendo los recuerdos asociados a cada uno de los 80 objetos en la mesa. El inventario extenso y objetivo y las anécdotas subjetivas hacen un relato autobiográfico lleno de detalles que se oponen al statement fotográfico neutro de Ruscha.

Junto a los artistas anteriormente citados resulta imprescindible añadir a Dieter Roth, artista innovador e iconoclasta vinculado a diferentes movimientos como Fluxus, la Poesia Concreta, el Pop Art y el Arte Conceptual. Trabajó con todos los medios que tuvo a su alcance: escultura, pintura, obra gráfica, libros de artista, películas y poesía. En el ámbito de la edición fue uno de los precursores del libro-objeto. En trabajos como Kinderbuch realizado entre 1954 y 1957, realizó páginas formando cubos que permitían múltiples combinaciones.

Otro de sus conocidos trabajos, Literaturwurts realizado entre 1961 y 1967, lo confeccionó coleccionando libros y revistas alemanas para después ponerlos a remojo en agua, especias y gelatina formando una pasta que después embutía en tripas de animal como si fueran “salchichas literarias”. En los 60 publicó una serie de trabajos denominados CopleyBook, los cuales aglutinaban diferente material impreso junto con notas escritas, relieves o fotografías tratando de incluir cualquier tipo de papel, textura o forma de impresión.

Literaturwurts (1961-67) Roth las confeccionó coleccionando libros y revistas alemanas para después ponerlos a remojo en agua, especias y gelatina formando una pasta que después embutía en tripas de animal como si fueran “salchichas literarias”.

Literaturwurts (1961-67) Roth las confeccionó coleccionando libros y revistas alemanas para después ponerlos a remojo en agua, especias y gelatina formando una pasta que después embutía en tripas de animal como si fueran “salchichas literarias”.

Hubo también otras formaciones artísticas individuales como el trabajo del compositor francés Henri Chopin o del americano practicante de la poesía concreta Ben Porter. Son puntos de actividad desperdigados, que surgieron sin conexiones entre ellos.

En 1968, el marchante Seth Siegelaub empezó a publicar a sus artistas en lugar de montar exposiciones. Entonces, el mundo del arte comenzó a prestar atención a los libros de artista. Lawrence Weiner y Douglas Huebler hicieron exposiciones “sin espacio”; Hanne Darboven y N. E. Thjng Company publicaron sus primeros libros independientes; The Xerox Book presentó obras fotocopiadas en serie de Andre, Barry, Huebler, Kosuth, LeWitt, Morris y Weiner; la exposición de Siegelaub “Summer 69” tuvo lugar de modo fragmentado por todo el mundo y existió en su totalidad sólo en catálogo.

La evolución de los libros de artista no vino determinada por los avances tecnológicos, pero esos cambios permitieron un acceso más fácil a la producción de lo que había sido al principio del siglo XX. En los años 70, se establecieron importantes centros de producción de libros de artista: el Visual Studies Workshop (Rochester, Nueva York), Nexus Press (Atlanta, Georgia), el New York Center for the Book Arts, el Pacific Center for the Book Arts (Bahía de San Francisco), Printed Matter (Nueva York), la Graphic Arts Press del Woman’s Building (Los Ángeles) y el Writers Center (Bethesda, Maryland). Otros centros institucionales se establecieron también dentro de los programas de facultades de Bellas Artes y universidades, en las colecciones de museos y bibliotecas y en colecciones privadas.

Si en un principio, trabajaron el libro los artistas plásticos, los pintores, los escultores, los grabadores, los ilustradores y los artesanos, a partir de los años 80 las nuevas generaciones de artistas multimedia, de diseñadores y de fotógrafos también incidieron en este ámbito, atraídos por las alternativas que ofrecía y rompiendo así la barrera existente hasta entonces entre el arte y el diseño.

A finales de los 70, otra actividad relacionada con el libro comenzó a mostrar un perfil muy destacado: objetos con aspecto de libro y esculturas-libro. Proliferaron tanto en los Estados Unidos, desde Nueva York a California, como en Europa. Entre sus precedentes directos podemos apuntar varias obras de Duchamp –como Do Touch o Green Box– y las cajas de Joseph Cornell.

Durante la década de los 80 empiezan a verse piezas de instalación que son ambiciosas en cuanto a escala y complejidad física. Muchas de ellas están hechas por artistas que habían trabajado antes con libros de artista o que utilizaban los libros como aspecto integral de esas instalaciones. Como por ejemplo: la edición de Buzz Spector de la obra de Sigmund Freud, las esculturas cinéticas de Janet Zweig, el How to Make an Antique de Karen Wirth y Robert Lawrence, el Bible Belt de Marshall Reese y Nora Ligorano. Muchas de estas obras plantean cuestiones importantes relativas a la identidad de un libro y sus funciones culturales, sociales, poéticas o estéticas pero pertenecen más al mundo de la escultura o de la instalación que al mundo de los libros. Pueden funcionar como iconos de la cualidad de libro, pero no proporcionar una experiencia asociada a los libros en sí.

En definitiva, se puede observar que muchos movimientos artísticos del siglo XX tienen adscrito algún componente del libro de artista: desde los futuristas italianos, los constructivistas rusos, los expresionistas alemanes, los surrealistas franceses, los dadaístas, los letristas, los componentes del grupo Fluxus, los del Pop-Art, los conceptualistas, los minimalistas, el Women’s Art Movement, los postmodernistas, hasta el interés por el multiculturalismo y la política identitaria, pasando por las actividades de músicos experimentales como John Cage, o de artistas de la performance como Robert Morris o de artistas involucrados en el trabajo sistemático como Ed Ruscha o Sol LeWitt.

Todos estos movimientos de vanguardia fueron impulsores de una nueva forma de entender el libro, una nueva forma que ampliaba el concepto de arte, superando la tradicional idea del libro ilustrado. Los nuevos libros de artista se convertían en productos que pedían la implicación del lector e invitaban al espectador a vivir una experiencia intelectual.

Esta nueva concepción del libro iniciada por Ruscha y los poetas concretos de los años 50 y 60 abrieron un diálogo entre el libro de bibliófilo ilustrado –que posee un fuerte componente matérico, manual, casi artesanal- y el libro convencional –que huye del formalismo y se centra sólo en el contenido-. De esta manera, nacía una nueva manera de entender el libro como pieza de arte, y a partir de aquí hay tantas variantes como artistas.


(1) Gracias al conjunto de datos expuestos en la muestra realizada en 1991 en Frankfurt y comisariada por J. M. Puigjaner y E. Rabat bajo el título Barcelona: una capital editorial, s. XV-XX, se puso en relieve que Barcelona ha ejercido el papel de auténtica capital del libro. Su actividad editorial a través de la historia ha sido constante y ha evolucionado técnica y estéticamente explicando su solidez actual.

(2) DRUCKER, Johanna: The Century of Artist’s Books, Nueva York: Granary Books, 1995, p. 19

(3) SANTA CRUZ, Rocío: “Libro ilustrado contemporáneo. Nueva bibliofilia o el arte de editar”, en Passant pàgina: el llibre com a territori d’art. Barcelona: Departament de Cultura, 2012, p. 65.

(4) Debemos destacar: Castleman, R.: A Century of artists books (Nueva York, 1994). Drucker, J.: The Century of Artist’s Books (Nueva York, 1995). Lauf, C. y Phillpot, C.: Artist/Author. Contemporary Artists’ Books (Nueva York, 1998)

FUENTES CONSULTADAS

Libros:

CASTLEMAN, Riva: A Century of artist’s books. Nueva York: The Museum of Modern Art: distribuído por Abrams, 1994.

DRUCKER, Johanna: The Century of Artist’s Books, Nueva York: Granary Books, 1995.

LAUF, Cornelia; PHILLPOT, Clive: Artist/Author. Contemporary Artists’ Books. Nueva York, D.A.P. Distributed Art Publishers, The American Federation of Arts, 1998.

MOEGLIN-DELCROIX, Anne: Sur le livre d’artiste: Articles et écrits de circonstance 1981-2005. Marsella: le Mot et le reste, 2006.

MOEGLIN-DELCROIX, Anne: Esthétique du livre d’artiste: 1960-1980. Paris: Jean Michel Place: Bibliothèque Nationale de France, 2011 (1997).

Artículos:

ALTAIÓ, Vicenç: “VisualKultur.cat” en VisualKultur.cat: art, disseny, llibres. Barcelona: Institut Ramon Llull, ACTAR, Generalitat de Catalunya, Departament de Cultura i Mitjans de Comunicació, 2007, pp. 13-30.

DÀVILA, Mela: “Colección/recolección. La idea de colección como praxis editorial” en Passant pàgina: el llibre com a territori d’art. Barcelona: Departament de Cultura, 2012, pp. 69-71.

DRUCKER, Johanna: “El libro de artista como idea y forma” en Nómadas y bibliófilos: concepto y estética en los libros de artista. Donostia: Gipuzkoako Foru Aldundia. Koldo Mitxelena Kulturuneko Erakustaretoa, 2003, pp. 120-133. Publicado en DRUCKER, J.: The Century of Artist’s Books, Nueva York: Granary Books, 1995, pp. 1-19.

GIRALT-MIRACLE, Daniel: “Locura libresca” en VisualKultur.cat: art, disseny, llibres. Barcelona: Institut Ramon Llull, ACTAR, Generalitat de Catalunya, Departament de Cultura i Mitjans de Comunicació, 2007, pp. 9-11.

GUAYABERO, Óscar: “Poetas artistas” en Passant pàgina: el llibre com a territori d’art. Barcelona: Departament de Cultura, 2012, pp. 71-72.

GUILLAMON, Julià: “Libros de artista, a escondidas” en Passant pàgina: el llibre com a territori d’art. Barcelona: Departament de Cultura, 2012, pp. 73.

LIPPARD, Lucy R.: “El libro de artista se hace público” en Nómadas y bibliófilos: concepto y estética en los libros de artista. Donostia: Gipuzkoako Foru Aldundia. Koldo Mitxelena Kulturuneko Erakustaretoa, 2003, pp. 139-143. Publicado en Art in America, enero-febrero 1977, pp. 40-41.

MERCADER, Aina: “Un Sant Jordi diferent” en Bonart (nº150), abril 2012, pp. 24-26.

MOEGLIN-DELCROIX, Anne: “Del catálogo como obra de arte y viceversa” en Nómadas y bibliófilos: concepto y estética en los libros de artista. Donostia: Gipuzkoako Foru Aldundia. Koldo Mitxelena Kulturuneko Erakustaretoa, 2003, pp. 186-209. Publicado en les Cahiers du Musée National d’Art Moderne, París, nº56-57, 1996, pp. 95-117.

MORENO, Beatriz G.: “Publicacions d’artista” en Bonart (nº150), abril 2012, pp. 19-20.

PICAZO, Glòria: “Nómadas y bibliófilos. Concepto y estética en los libros de artista” en Nómadas y bibliófilos: concepto y estética en los libros de artista. Donostia: Gipuzkoako Foru Aldundia. Koldo Mitxelena Kulturuneko Erakustaretoa, 2003, pp. 15-23.

PICAZO, Glòria: “Fuera de página” en Passant pàgina: el llibre com a territori d’art. Barcelona: Departament de Cultura, 2012, pp. 75.

SANTA CRUZ, Rocío: “Libro ilustrado contemporáneo. Nueva bibliofilia o el arte de editar” en Passant pàgina: el llibre com a territori d’art. Barcelona: Departament de Cultura, 2012, pp. 65-67.

Catálogos:

Barcelona: una capital editorial, s. XV-XX. Barcelona: Generalitat de Catalunya. Departament de Cultura, 1991.

El llibre: espai de creació. València: Biblioteca Valenciana, Editorial UPV, 2008.

Libros de artista; Ulises Carrión: ¿mundos personales o estrategias culturales? Madrid: Turner, 2003.

Masquelibros: I Feria del Libro de Artista de Madrid. Madrid: Masquelibros, 2012.

No es deixa llegir: llibre d’artista entre Barcelona i Bologna. Barcelona: Universitat de Barcelona, Biblioteca de Catalunya. Bologna: Accademia di Belle Arti, Biblioteca Universitaria, 2011.

Nómadas y bibliófilos: concepto y estética en los libros de artista. Donostia: Gipuzkoako Foru Aldundia. Koldo Mitxelena Kulturuneko Erakustaretoa, 2003.

Passant pàgina: el llibre com a territori d’art. Barcelona: Departament de Cultura, 2012.

Sobre libros. Alcoy: Sendemà, 2009.

VisualKultur.cat: art, disseny, llibres. Barcelona: Institut Ramon Llull, ACTAR, Generalitat de Catalunya, Departament de Cultura i Mitjans de Comunicació, 2007.

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4 comentarios en “El Libro de Artista, entre el mundo de la edición y el galerismo

  1. Raimundo Abril dijo:

    Quiero felicitarte por tu trabajo el libro de artista…
    Me llamo Raimundo Abril. Estoy recién licenciado en BBAA en Salamanca. Ahora haciendo el trabajo de fin de máster de profesor ESO… y va del libro de artista.
    Te diré que voy a incluir gran parte del material tuyo, con referencia por supuesto. Espero contar con tu permiso.
    A mí me parece que el libro de artista va unido indisociablemente a la propia historia del libro, ya desde el formato de rollos de papiro egipcios…
    Otro aspecto a tratar sería el de los cuadernos de apuntes, lo considero fascinante por su frescura en cuanto al contenido…
    Te quedo muy agradecido, y me permito decirte que tenes un nombre muy bonito, pero me gusta mucho más.tu nombre en Español, je, je.
    Un fuerte abrazo y enhorabuena, porque además, trabajos como el tuyo están haciendo que cambie favorablemente mi opinión sobre la red. (tengo 52 años)…

    • isabella rivers dijo:

      Estimado Raimundo,

      Muchas gracias por tu comentario. Por supuesto tienes mi permiso para citar lo que necesites de mi investigación. Ese es el objetivo de mis publicaciones. Pero también te añadiría que para ser más riguroso te leas algún material del que aparece en mi bibliografía, ya que al fin y al cabo de ahí saco toda mi información. En los catálogos de exposiciones que cito vienen artículos científicos que te vendrán muy bien para tu investigación.

      Gracias también por tus palabras de apoyo, enhorabuena por tu licenciatura y ánimo con tu trabajo de final de máster.

      Isabel

  2. Carmen dijo:

    Hola Isabella,
    Opino lo mismo que Raimundo, una información muy buena, completa y trabajada.
    Centras perfectamente el tema del libro de artista que ahora está tan de moda.
    Te agradezco mucho el detalle de haber dejado esta buena información.
    Soy encuadernadora artesanal, titulada en la escuela de artes y oficios de Barcelona. Durante dos años he participando impartiendo talleres en arts libris.

    Este mes de octubre inicio un curso sobre el libro de artista que impartiré en la biblioteca de Masnou del Maresme, porque estan muy interesados en dar a conocer éste género en la misma población.
    Estoy recopilando todo tipo de info sobre Libro de artista, kirigami, pop up, recopilando muchas estructuras de libros sencillos, para impartir las clases de una forma lo más atractiva posible.

    Quiero empezar dando clases teóricas seguidas de prácticas e ir intercalando. Así que tambien cojeré de aquí información y de la misma forma que Raimundo mencionaré tu nombre, tu página y tu buen trabajo si no hay inconveniente.
    Muchas gracias,
    Carmen Biosca

    • isabella rivers dijo:

      Hola Carmen,

      Muchas gracias por tu comentario. Me alegro de que mi trabajo pueda servir a otras personas, en especial a docentes como tú. Por supuesto, puedes utilizar todo el material que necesites y puedes ayudarte con la compilación de bibliografía que consulté sobre el tema.

      Y enhorabuena por tu nueva andadura a partir de octubre.

      Isabel del Río

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